Estimados estudiantes de la Facultad de Filosofía y Hdes. Universidad de Chile, tanto los que participan de alguna instancia orgánica, como los que aún no lo hacen.
Esta será la última participación que haré, a título personal, sobre el tema que nos afecta como Facultad. La razón es que probablemente a partir de la próxima semana, habrá una declaración conjunta de un grupo importante de académicos, que aspira a constituirse definitivamente como Asociación de Académicos en nuestra Facultad. Del mismo modo, este blog se ha convertido en una tribuna amplia que acoge todo tipo de opiniones y es propiedad de un colectivo diverso. Es bueno que sepan también que muy pronto se celebran elecciones de Facultad y todos debemos entregar nuestros cargos, de modo que lo que puede ser mi aporte se canalizará de otro modo. No obstante, esto no es una despedida.
Este mensaje espera allanar el camino a los nuevos espacios de participación que se irán produciendo y que seguramente irán en la dirección de nuevas instancias triestamentales, operando con normas mínimas de respeto, convivencia y promotoras de un debate productivo.
En lo que sigue, intentaré entregar una versión de lo que sucede y entregar herramientas para una salida. Nuestra Facultad, desde hace varios años, sufre el asedio permanente de encapuchados. Algunos son estudiantes de carreras del campus y de nuestra Facultad, otros provienen de otros lugares. Conforman grupos pequeños, descontrolados, que han agredido verbal y físicamente en varias ocasiones a académicos, estudiantes y funcionarios, incluso a los guardias. Normalmente, Carabineros se suma con su propia violencia, aparentemente interesados en agravar aún más las cosas. Estos grupos de encapuchados cuentan con el apoyo decidido de un grupo de estudiantes de la Facultad mientras que otros más bien los rechazan o simplemente están resignados a su presencia. La gran mayoría de los estudiantes, que lamentablemente no participan de ninguna orgánica estudiantil, simplemente los desaprueba. Los académicos, funcionarios y estudiantes de nuestra Facultad simpatizan con muchas de las causas y temas que los encapuchados enarbolan, pero no con sus métodos. No son pocos los académicos que consideran que el anterior gobierno cometió un error mayúsculo al aplicar la Ley Antiterrorista a comuneros mapuches y que este nuevo Gobierno debiera corregir esta situación, llegando a un acuerdo con los huelguistas antes que la situación termine en tragedia. No son pocos los que podríamos enviar una carta al Ministerio del Interior solicitando que se ponga término a esta agonía y eso podría ser más influyente ante la opinión pública que acciones radicales que deslegitiman estas luchas ante la gran mayoría de los chilenos.
Sin embargo, y hasta ahora, aunque podrían existir muchas iniciativas conjuntas interesantes y se reconocen varios espacios formales de participación en nuestra Facultad, la apatía generalizada de los estudiantes y la escasa participación de los académicos, ha terminado por legitimar -por ausencia- el modo de proceder de los que desean cambiar las cosas a través de formas radicales y de enfrentamientos con la policía, que han sido escasamente eficaces y han generado, a su vez, más apatía y más desinterés.
Desde ese punto de vista, los que apoyan a los encapuchados dentro de nuestra Facultad tienen razón en algo importante. Los encapuchados son un síntoma, no el verdadero problema. El verdadero problema son las demandas insatisfechas a nivel de Facultad, de Universidad y de país, que no han sido suficientemente atendidas por nuestra comunidad y, de hecho, habría que entender ese concepto más bien como una aspiración, como un proceso en construcción y no como una realidad plena.
Dicho de un modo positivo, los encapuchados han sido un recordatorio constante a organizarnos como comunidad para dar cuenta de nuestros problemas internos y de temas nacionales que claman por nuestra presencia. Los estudiantes deben resolver por si mismos el modo más adecuado de organizarse para dar cuenta de estos problemas y no nos corresponde opinar sobre ello. En nuestro caso, de los académicos, nuestra contramanifestación fue sólo una búsqueda inicial, por parte de muchos académicos que siempre han tenido las puertas abiertas a los estudiantes, por reconocernos como parte de una comunidad que desea reconstruirse, que al mismo tiempo que rechaza medios violentos, legitima la necesidad de movilizarse por objetivos comunes. En esta actividad no se buscaba atacar la organización existente de los estudiantes. Desafortunadamente, algunos estudiantes de CGR -no todos, porque algunos trataron de evitar agresiones a los que protestábamos, lo que se agradece- nos imprecaron duramente, mientras los encapuchados arrojaban cobardemente amoníaco a la cara de los profesores, nos lanzaban todo tipo de piedras y objetos y nos mojaban. En esas condiciones, la situación se descontroló y se perdió posibilidad de diálogo, generándose un debate descalificatorio entre los contramanifestantes (especialmente estudiantes y el que habla) y CGR que hasta hoy ha continuado diariamente y de modo abierto en este blog
www.facultadfilosofia.blog.com.es y que en cualquier caso, ha abierto un nuevo inicio para conversar.
En este debate, el que escribe también se hace cargo de algunos errores –que son producto del acaloramiento del momento y de las agresiones sufridas- que han contribuído a agudizar las descalificaciones mutuas, y que deben ser enmendados. Son injustas la mayor parte de mis apreciaciones iniciales acerca de CGR y sólo son atribuíbles a una respuesta visceral, explicable –aunque no justificable- si se recibe amoníaco en plena cara y al mismo tiempo personas a las que no se ha aludido en absoluto asumen roles agresivos.
El deseo de los que estuvimos manifestándonos contra los encapuchados es fortalecer las organizaciones estamentales de nuestra facultad, en nuestro caso, la de académicos, para lo cual aspiramos a constituirnos prontamente como Asociación de Académicos de la Facultad de Filosofía y Humanidades y así contribuir a la formación de una instancia de trabajo permanente con la organización de los estudiantes y aquella de los funcionarios, que además se conjugue con los nuevos espacios de participación que promueve nuestro nuevo Estatuto Democrático. No será una tarea fácil, por el cúmulo de prejuicios y desconfianzas acumulados y porque también hay grupos que dentro de cada estamento que no logran ver la importancia de esta instancia en la canalización de nuestros problemas. Pero, al menos por nuestra parte, siempre plantearemos una actitud dialogante y, en esta ocasión, de trabajo constructivo, así como seguiremos alejando pacíficamente a los encapuchados, haciéndoles ver que no nos ayudan a trabajar en común. De un modo muy parecido a las dificultades que tienen los estudiantes para mejorar la participación de su estamento, seguramente no lograremos inicialmente agrupar a todos los de nuestro estamento y sólo participarán los más sensibles. Pero con eso basta. Mientras eso ocurra, solicitamos formalmente a los distintos segmentos de CGR que no se involucren en las acciones de encapuchados denostándonos, simplemente porque no estamos interpelándolos a ellos sino a los encapuchados. Los que deseen apoyarlos pueden salir con carteles y consignas que no caigan en la descalificación –como también debemos hacerlo nosotros- y perfectamente puede haber dos grupos distintos que apoyen pacíficamente lo que creen legítimo, sin denostar al otro grupo. Pero esto no es una solución. La verdadera solución es la constitución de un trabajo permanente a nivel triestamental, que abrirá las puertas necesarias a nuevas normas de convivencia y a objetivos comunes, adecuadamente agendados en un plan de trabajo que recoja las inquietudes y demandas de todos los estamentos y los canalice hacia un programa de acción. Creo en la buena voluntad de las personas y en la capacidad mutua para reconocer errores, que en este caso han sido sumamente compartidos.
En su momento, emitiremos una comunicación, ya no a título personal, sino como representación estamental del cuerpo académico de nuestra Facultad. Agradeceremos sinceramente la colaboración que cualquiera pueda brindar para conciliar posiciones que nos posibiliten, de una vez por todas, reconstruir verdaderamente nuestra comunidad universitaria.
Mario Matus G.
Director Estudiantil, Facultad de Filosofía y Humanidades
Pdta:
Sin afán de retrotraer nuevamente el debate a las descalificaciones, es de justicia señalar lo siguiente, lo último a título personal:
1) Mi función como Director Estudiantil no sólo me permite, sino además me obliga, mantener un contacto fluido con los estudiantes, que son difíciles de contactar directamente por las mismas razones de escasa participación, ya aludidas. La información utilizada para contactarlos no es confidencial, sino pública, y como cualquiera podrá comprobar, puede usarse fácilmente marcando "responder a todos" a un mensaje enviado por mi. Podemos convenir en que quizás un tema como éste no sea apropiado para usar esta vía, pero eso es discutible en nuestras circunstancias y a los que les desagraden estos mensajes, tienen varias posibilidades. Pueden responder y argumentar en un sentido distinto, o pueden solicitar que no se les incluya en la lista de e-mail, caso en el que se le eliminará de la base de datos. Para ello, simplemente deben solicitarlo. Es importante, en cualquier caso, que este medio de comunicación se mantenga, porque a través de el se envía mucha información que es importante para los estudiantes y que deberá seguir usado por los nuevos Directores Estudiantiles.
2) Efectivamente, el año pasado hubo un proceso de discusión sobre el componente violencia en las movilizaciones. Asistí en 2 ocasiones a la Facultad únicamente a esas reuniones –abandonando todas mis tareas normales en el CEJ- que finalmente no se realizaron ni se me avisó que no se realizarían. En el caso de los 2 foros que se realizaron, efectivamente no asistí, pero no por falta de interés, sino más bien porque representaba a la Universidad de Chile en un Congreso Internacional de Historia Económica sobre Series Temporales de América Latina, organizado en Barcelona por CEPAL y la Universitat Pompeu Fabra, evento de alto nivel mundial. En cualquier caso, me mantuve informado de los avances realizados en los foros, que al parecer no fueron mayores, no sólo por la escasa asistencia sino también por una metodología quizás inapropiada para discutir y llegar a acuerdos. Mi deseo y el de muchos académicos, es que esos debates se reanuden, pero con metodologías más apropiadas, que alienten la participación y faciliten llegar a acuerdos.
3) El que escribe participó activamente el año 2005 en la formulación de una propuesta técnica que allanó el camino a una negociación entre la Confech y el MINEDUC. Los beneficios que este año comenzarán a recibir los mechones y que en los años posteriores se harán extensivos a más estudiantes, son fruto de un trabajo serio y bien formulado, en el que la labor de este Director Estudiantil fue fundamental para demostrar técnicamente que si el Gobierno se esforzaba, podía financiar una cobertura total de instrumentos de financiamiento a los estudiantes pertenecientes a familias de los 3 quintiles de menos ingresos, que en el caso de nuestra Facultad, abarca cerca del 40% de los estudiantes. Quizás el arreglo no sea legítimamente del agrado de algunos, y que aún se debe avanzar mucho más, pero al parecer la CONFECH lo vio como un avance importante. También es justo señalar que, dentro de nuestras posibilidades, sostuvimos como autoridades, un diálogo amable con los estudiantes de la Facultad y que, incluso facilitamos las cosas una vez que los estudiantes decidieron definitivamente realizar una toma.
4) Aprovecho esta última oportunidad para aclarar que como Director Estudiantil tuve el privilegio de asesorar a los organizadores de la primera versión de las “Jornadas de Historia Social” realizada por estudiantes del Dpto. de Cs. Históricas. Me alegro enormemente que esta iniciativa se haya consolidado y espero que surjan otras iniciativas de este tipo por parte de estudiantes de otras carreras, para prestarles el apoyo y asesoría que esté a mi alcance, en el tiempo que me queda antes de entregar el cargo. También he ofrecido constantemente una ponencia para esas jornadas, en la que se aborde la relación entre Historia Económica –que es a lo que me dedico- e Historia Social. Desafortunadamente, tal presentación al parecer no ha calzado con los paradigmas, enfoques predominantes o intereses temáticos de los organizadores, pero sigo aguardando que esa decisión sea revisada. Debe quedar absolutamente en claro, que durante mi gestión ningún estudiante o grupos de estudiantes ha sido discriminado por sus ideas. Todos han recibido el mismo apoyo, tanto aquellos que han organizado jornadas de pensamiento anarquista, como aquellos que han luchado y obtenido numerosos Premios Azules, de año en año, y así pueden atestiguarlo muchas personas. Del mismo modo, de acuerdo a mis posibilidades, he brindado apoyo constante en términos de difusión a los eventos organizados por los estudiantes de II de Historia en materia de DD.HH. Es importante que los estudiantes sepan que la mayor parte de los académicos de la Facultad llegan a sus casas y siguen trabajando, que constantemente buscan crear nuevos proyectos, nuevas investigaciones y se perfeccionan. Los académicos no tienen, ni en sueños, el tiempo libre que tienen los estudiantes, y aunque lo tuvieran, tampoco pueden hacer exactamente las mismas cosas que hacen los estudiantes. La herramienta de expresión de los académicos es discursiva y no es poca cosa, porque esas ideas se transforman en influencias (Gramsci, lo trabaja de ese modo). La construcción de una nueva Universidad no se agota tampoco en proclamaciones políticas. La Universidad también se construye con el mejoramiento y la ampliación de las tareas académicas y el trabajo de todos.
Si queremos sinceramente recuperar nuestras capacidades de diálogo, debemos estar dispuestos a hacer un reconocimiento mutuo de nuestros errores. Si avanzamos en ello, quizás esta vez, por fin, constituyamos algo parecido a una auténtica comunidad universitaria, en la que podamos arribar a un plan de acción compartido y que nos convoque. Esta carta personal va en ese sentido, a dejar las descalificaciones y volver a encontrarnos para debatir, de acuerdo a normas civilizadas y con un horizonte de acuerdo.
Fraternalmente
Mario Matus G.
Director Estudiantil